Noviembre de 2007
Nro 24
 
 
 
 

EDITORIAL


FUERA DE ONDA Y TIEMPO

La novedad de la última quincena ha sido el ya legendario artículo del presidente Alan García titulado “El síndrome del perro del hortelano”, publicado en el diario El Comercio el pasado 28 de octubre.  No es nuevo que el mandatario escriba, incluso libros. Lo extraño es que explique sus –nunca conocidos - planes de gobierno por esta vía.

Pues bien: la propuesta, en resumen, sostiene que es menester explotar nuestros presuntamente riquísimos recursos naturales y que mejor se callen ‘los perros del hortelano’, los que no comen ni dejan de comer, los “viejos comunistas” transformados en “medioambientalistas”. Los que, según él, piden más sin cambiar y “sin ningún esfuerzo”.

Por un lado, y aunque se peque de letanía, hay que recordar que ciertamente nuestro país tiene muchas riquezas naturales –entre ellas una gran biodiversidad, que no parece estar tan en el libreto de las inversiones-, pero a la vez una geografía compleja, que hace dificilísimos muchos proyectos. La teoría del “mendigo sentado en un banco de oro”, atribuida sin mayores pruebas a Antonio Raimondi, es, por lo menos, demasiado entusiasta.

Adicionalmente, la idea de estigmatizar, casi con rabia política, a quienes hacen objeciones a la minería u otras actividades que implican riesgos ambientales es, simplemente, descaminada. Con ello se empobrece el debate, se convierte el diálogo en un hueso que nadie querrá recoger. Simplificar así las cosas conduce a caldear más los ánimos, destila una soberbia gubernamental que no construye, en absoluto, consensos.

Esto ocurre, además, cuando el diálogo en torno al caso Majaz avanza muy lentamente y mientras la propuesta de recortar el Parque Nacional Bahuaja Sonene (ubicado en Madre de Dios), para permitir una inversión petrolera, no se aclara. Asimismo, esto sucede cuando queda en evidencia que el actual régimen no tiene  una política ambiental, y cuando todo parece indicar que tenerla no es una de sus prioridades.

Tal parece que la ruta es la de impedir, a toda costa, las críticas de  de los presuntos “perros del hortelano”.  Pero la verdad es que  si no se cambia de rumbo lo que sobrevendrá es un tiempo de conflictos peligroso, donde, al final, todos nos podemos quedar sin comida y con rabia acumulada. Las decisiones más importantes, pensamos en la Red Muqui, no se pueden tomar a la luz de condenas fáciles y teorías de explotación irreales, indiscriminadas, que no corresponden a los tiempos actuales.